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marzo 04, 2012

Acerca del secretismo impuesto por la Familia Real

Ya no se pudo tapar por más tiempo de una forma general el motivo por el que el yerno del rey con su esposa e hijos fue enviado a EE.UU. Se hizo público a últimos de 2011 al ser acusado judicialmente el referido de apropiaciones ilegales, valga como eufemismo de trincar, ejercer la actividad de Caco, tirando por tierra la ejemplaridad que debe presentar no sólo el rey, sino toda la Familia Real –y de esto, de que afecta a toda, debiera enterarse alguno de los llamados expertos en el estudio de dicha familia, cuya ejemplaridad se la adjudica al monarca únicamente-, caso –“Caso Babel”- que ya no se podía silenciar por parte del rey ni de la prensa. Aun personas simpatizantes con la monarquía, o interesadas en hacerse pasar por tales, no entienden la benevolente determinación que don Juan Carlos tuvo con Urdangarín, cuyo enriquecimiento llegó a preocuparle por el escándalo que podía llegar a motivar, ya que, por otra parte, en el trinque, incluso a Hacienda, se hallaba desenfrenado.

Hay que partir de la base de que no se le debió permitir dedicarse a lo que hizo desde que se casó, porque los miembros de la Familia Real pueden trabajar pero no dedicarse a los negocios. Por supuesto que no cabe pensar que pudiera escapar al conocimiento del monarca; se me podrá decir que la madre lo sabía por su hija, pero como el matrimonio real no se habla… Siempre habría llegado a enterarse –difícil los secretos entre familia-; por ejemplo, la madre se lo habría dicho al hijo, que le adora, y éste al padre. Pero además, ¡cómo no tuvieron de ir viendo todos el enriquecerse del matrimonio a pasos agigantados! No podían esconder los pisos, el palacio, la obra del mismo, y otras propiedades, así como el tren vida que seguían. Parece como si no se hubiese tratado la familia desde el 12 de octubre de 1997 en que se casó la infanta Cristina con el jugador de balonmano Ignacio Urdangarín. Es evidente que punto en boca no había entre la familia, los que componen la Casa, los que cobran por la representación, acaso tampoco entre los demás parientes sobre el sorprendente enriquecimiento que estaba a la vista para todos ellos.

También para gran parte de la ciudadanía, pero ésta sí que tenía que poner punto en boca; la prensa no osaba presentar noticia alguna sobre la institución de la monarquía que no fuera de loa, alabanza. En absoluto el menor análisis, la menor crítica, en torno al rey o cualquier miembro de la Casa Real. Y es en esto, en concreto, en lo que quiero basar este escrito, pues lo dicho en él hasta aquí no es más que variaciones sobre el mismo tema, como la música de cámara. A Urdangarín no le hubiera sido posible hacerse tan multimillonario, y en cuatro días, si no se casa con la infanta, tampoco sin la permisividad del rey, el darse por enterado tan tarde, cuando ya, como digo, las… hazañas del yernísimo se convirtieron en escándalo, porque la prensa no hizo caso al silencio impuesto. Sin silencio, sin secretismo, tal vez no se hubiera llegado tan lejos, el matrimonio Urdangarín-de Borbón no sería tan rico, pero no se hubiera dado esta circunstancia de vergüenza nacional que sufre España dentro y allende nuestras fronteras. Seguro que no sería tan descomunal si se hubiera permitido una crítica depuradora sin eliminar ab libitum, a gusto, real el artículo 20 de la Constitución sobre “Libertad de expresión”. En cuanto a la prensa todos querían escapar, incluso a las infantas y al príncipe siempre molestó la presencia de un periodista que les interrogara en general. Como si no fueran personajes públicos, y además pagados por la nación.

Se ha dicho que “La soledad de la Reina” es la obra que ha puesto patas arriba la Zarzuela, pero más bien ha sido Urdangarín con su vituperable trabajo y vinculando en él a su esposa; sin haber reducido éste bastante su fuero no se podría hablar de la Familia Real, siempre fue intocable, por monarquía constitucional que sea, a excepción de las monarquías que quedan en Europa. No obstante, es cierto que algunos libros, tal como de Juan Balansó, Jaime Peñafiel y otros surgieron, siéndolo también que de algunos se impidió su publicación. Sabido es que las infantas no se casaron a gusto del rey, y aún mucho menos el príncipe. Éste contravino abiertamente la voluntad de su padre e impuso a la señora divorciada doña Letizia Ortiz Rocasolano, llegando a decirle: “Esto es lo que hay; o esto o lo dejo todo”. Por no lograr la autorización, se marchó muy disgustado a Washington el día 6 y finalizada su visita de tres días continuó –en compañía de Letizia, por supuesto-, negándose a regresar a Madrid para el 12 de octubre sin importarle estar ausente en la tribuna de la familia real presidiendo el desfile de la Fuerzas Armadas.

Ellos impusieron velis nolis, quieras o no quieras, la persona de quien se enamoraron; también hubo de sufrir el rey que su hija Cristina le amenazara con irse a vivir con el Iñaki si no le autorizaba a casarse con él. Reacción surgida al proponerle su padre, que se había enterado de que él acababa de romper con una novia con la que llevaba un noviazgo de cuatro años y se iba a casar, que dejara transcurrir un año o más. Refiérese que en los nueve meses de relaciones con la infanta, mantuvo ambos noviazgos, hasta que Cristina le hizo decidirse. Carmen Camí Solsona era bellísima pero hija de un transportista, no de un rey. Tampoco Letizia, a lo que parece, dudó en dejar a su novio con el que se dice vivía para establecer relaciones con Felipe de Borbón. ¡Si no han sabido sacar más partido de ser privilegiados a máxima altura!...

No sólo los comentarios de lo que era para comentar y mucho, eran velados, sino que con motivo de la boda del Príncipe de Asturias con la citada señora que éste colocaba como reina a equis plazo, el rey mandó, mediante el director general del Ente público, que no se hablara del tema del noviazgo del Príncipe con Letizia en los programas de la casa: Gente y corazón de…y el otro titulado Corazón, corazón. Éste, por cierto, le presentaba la canaria Cristina García que cuenta en la lista donjuanesca de don Juan Carlos. Se llegó a prohibir totalmente en la prensa hablar de Letizia, bajo amenaza de expediente. ¿Puede un rey constitucional ir contra un artículo de la Constitución? No. El artículo 61.1 dice literalmente: “EL Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas”. Puso mordaza y se dedico a salvar inconvenientes: informar al presidente del Gobierno y al presidente del Parlamento, respetando el artículo 57.4 de la Constitución: “Aquellas personas que teniendo derecho a la sucesión en el trono contrajeran contra la expresa prohibición del Rey y de las Cortes Generales, quedarán excluidas en la sucesión a la Corona por sí y sus descendientes”. Se introdujo a Letizia muy hábilmente –en México había estado ella, y con tal país conferenció- y la ciudadanía muy sumisa lo dio por bueno, no sin contrariedad de los cuatro monárquicos significados como tales.

Hasta aquí no le fue muy difícil, que digamos, sortear a Juan Carlos I los problemas suscitados por sus hijos y los suyos propios, siempre se superaron incluso envolviéndolo en el mayor secreto posible, mas hoy día la cosa ha cambiado radicalmente, en primer lugar la prensa ha tenido la voz que le corresponde. Indubitadamente que la circunstancia surgida no le permite, ni mucho menos, actuar como otras veces –con el poder que tiene, y más-, por cuanto él mismo, la monarquía, pasa por una situación de peligro. Desde luego que, como se vislumbra, defiende a la hija, al yerno y tiene que defenderse a sí mismo de lo que pudo evitar y no evitó. Un rey, que en la monarquía constitucional no es por la gracia de Dios sino por la del pueblo, tiene que mostrar ejemplaridad, empezando por él y siguiendo por su familia. Que al socaire, protección, de su irresponsabilidad ante la ley se ha cubierto la Familia Real es cuestión que a la vista tenemos con el yerno y la hija. Pero en ello se equivocó Urdangarín en gran medida aun cuando no deja de valerle pertenecer a dicha familia. Al menos de momento, pues es de indignación y oprobioso para los españoles que lo haya empleado para… hacer “””negocios”””.

Debe pensar, discurrir, reflexionar, el rey que pese al silencio, en pos del secreto, que acostumbró a imponer, se ha publicado lo suficiente de su vida y de la de todos ellos –y no me refiero, que también, a lo meramente laudatorio-, que se conoce bastante historia, grande y pequeña, de su reinado. Por otra parte, que Internet vino a ser un gran inconveniente para la censura sui generis, muy especial, con que no pudiendo ser publicados algunos libros de tipo biográfico, lo fueron en dicho medio, menos fácil de controlar que lo editorial en libro. Aparte del libro también volcado en Internet. Es, en este último tiempo -¡ay de los adelantos de los medios de difusión!- imposible tapar la boca al periodista, al escritor, que es muy dueño de dar la noticia de interés que surja y de emitir sus “pensamientos, ideas y opiniones” dentro de la ética.

En los tiempos que corren ya no se puede buscar amparo imponiendo mordaza, insisto, ello es algo que hasta para un rey pasó a la historia. Dice nuestro Premio Nobel Camilo José Cela que nadie, impunemente, puede fingir porque el tiempo es ácido que corroe lo no auténtico para mostrar, a quien quiera mirarlo, el indeleble grabado de lo verdadero. El paso del tiempo, efectivamente, presenta la verdad, destapa la mentira, y, como demanda la libertad, puede manifestarse y reprobarse. Se pretende desvincular a la esposa de Urdangarín, que siempre estuvo a su lado en todo, a fin de minimizar la nota de “no ejemplaridad” dada en la Familia Real española por este matrimonio enriquecido, y con la más condenable avaricia, y en este aspecto de dejar al margen a la infanta hay una protesta generalizada a gran escala. Todavía está la pelota en el tejado, o sea, es dudoso que se haga justicia con la infanta; para Manos Limpias hay una indicación desde arriba –no otra cosa es de presumir, sospechar-. En conclusión, ya no se puede poner silencio, pero sí interferencias. Es un error ponerlas, y los errores acostumbran a pasar factura. Así nos lo muestra la Historia, que es para Cicerón la gran maestra de la vida.


→ Nada de secretismo; no se ha de apartar a la sociedad civil, pues que, ésta, ha de saber y tener voz, porque nada menos que se trata de lo que debe contar en primera línea. He aquí un fragmento de un libro de un hombre de gran experiencia de la vida, de la política y de la economía:
… hay que volver a potenciar las instituciones básicas de la sociedad civil, como por ejemplo Academias, Colegios Profesionales, Universidades, Ateneos, Fundaciones… Todos son trozos, pedazos de la vida de la sociedad civil y su fuerza es nuestra fuerza y su reafirmación frente al poder del Estado es garantía de libertades. La mejor prueba de cuanto digo es que la preponderancia, el dominio abrumador, la profesionalización de la clase política, la expansión sin control de funciones del Estado, se ha conseguido a base de minimizar, cuando no de liminar, a esas instituciones que menciono. […]… si destruimos o minimizamos esas células organizativas, tendremos a un individuo indefenso frente al poder del Estado. Así que no se trata sólo de separación de poderes dentro del Estado, sino de algo más serio a día de hoy: de ajustar los poderes del Estado frente a la sociedad civil. Esa es la asignatura pendiente.

→ Nadie más personaje público que el Jefe del Estado, sea un presidente en república o un rey en monarquía, por lo que su vida y su obra política ha de ser de conocimiento público y con pleno derecho a opinar el ciudadano. Tratándose, como se trata, desde hace treinta y siete años en España, de don Juan Carlos de Borbón y Borbón, nada de su vida debe sernos extraño, desconocido; por supuesto, y ya lo he dicho, que no lo es, pero ello contra su voluntad y habiendo sido vetado todo comentario. Tanto es así que bajo estos esquemas, de “a callar y a permitir”, se creyeron protegidos de su conducta, visiblemente punitiva, el matrimonio Urdangarín-Borbón –nunca se repetirá lo bastante, es una constante que ha tomado cuerpo en el pueblo español y aun en la mente del extranjero-, pero la sociedad civil a dicho: “¡Basta ya!”, asqueada de los estragos de tanta política de corrupción. Para colmo, que la ejemplaridad que debe dar la monarquía, la vida de la Familia Real, ha acabado de quedar en entredicho con los referidos miembros de la misma, cuya acusación sigue su curso que llevará a un puerto mejor o peor pero nunca de gloria para la institución monárquica, persista o no. La misma Pilar Urbano, tendenciosa a la monarquía, dice: “Los españoles podemos cambiar de Constitución y la forma del Estado. No hemos hecho voto a perpetuidad con la monarquía”.

No es muestra de ejemplaridad la separación de un matrimonio, aunque sea “amistosa”, prueba de ello es que llevado al plano judicial unos monarcas no pueden continuar con la Corona. Desde la niñez de sus hijos los reyes de la monarquía impuesta por el dictador Francisco Franco han vivido separados, y por parte de él yendo –relato refero, refiero lo que he oído, también lo leído- de amante en amante. También se le imputan otros fallos de ejemplaridad, éstos aún más graves, si cabe –la sociedad lee y lee, habla y habla, y ahora ya puede hablar no sotto voce, en voz baja, sino normalmente-, siéndome ininteligible su radical silencio a estas señalizaciones; puede ser por mi mediocre inteligencia que se orienta a que se impone la transparencia como aduce Urdangarín, el cual quiere dejar claro su honor, que actuó con transparencia. Pero va a ser que no, que es mera elucubración, en cuanto a imaginación sin fundamento, porque, sencillamente, si sus actuaciones hubieran sido transparentes no habría podido seguir afincándose como no estaba honradamente al alcance del matrimonio, evidentemente ni siquiera empezado este trabajo que le posibilitaba su matrimonio. No ha habido transparencia por parte del suegro ni del yerno, éste ya le dijo que como en España cada uno hacía lo que le daba gana, también él; bueno, para algunos tiene su inconveniente, aunque él, repetimos, se creyera seguro contra la Justicia. Por pulcritud, la Justicia no debiera tener un solo irresponsable. Irresponsable de la Justicia, o todo aquel de difícil caer en sus redes, es, por regla general, irresponsable moral y éticamente.

Por: MANUEL LOPEZ PERALTA






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1 comentarios:

posesodegerasa dijo...

http://astillasderealidad.blogspot.com/2012/03/el-juez-renuncia-tomar-declaracion-la.html

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