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marzo 30, 2012

EL PANORAMA QUE PRESENTA Y LA INCOGNITA QUE HAY EN EL MATRIMONIO URDANGARÍN-DE BORBÓN

Si la Política no dificulta la acción de la Justicia, reduciéndola, el falto de escrúpulos Iñaki Urdangarín va a ir de cráneo, dicho sea así por servirme de una expresión del argot jurídico. Inteligente ha sido la estrategia defensiva del abogado de Diego Torres de hacer que fuese precedente la declaración del ex socio real de su cliente. Tenemos a la vista lo muy efectiva que ha de ser para que con éste se haga justicia, dada la supremacía que le aporta pertenecer a la Familia Real. Ésta no ha hecho “realmente” nada por desvincularse de tan despreciable individuo, pese al daño que les ha causado, aunque el rey haya emitido palabras que pudieran servir para asignarle, como a Pedro I de Castilla, el calificativo de el Justiciero. Importante, por otra parte, que, como el otro apelativo de dicho monarca medieval, no sea el Cruel, pues casi crueldad sería con la ciudadanía, sacar la cara por su yerno, la cual en términos generales muy mal lo está pasando con la crisis económica generada por individuos corruptos como el referido. Que tenga la misma idea que Felipe II expuso en caso de tener un hijo hereje, y que el poeta vallisoletano Núñez de Arce describió en “El haz de leña”. En verdad que los corruptos tenían que ir a la hoguera.

Si muy vituperable es la corrupción en los políticos –repugnante en todo ciudadano, por supuesto-, en el caso de un miembro de la Familia Real ya es el colmo. Y por si ello fuera poco, los españoles, asimismo extranjeros interesados en este affaire, encartan a la esposa de Urdangarín, ante el escándalo de éste se afirmó gráficamente: “No sólo Ignacio, también Cristina”, y titulares similares hay. Es opinión unánime. Pero la Fiscalía y el juez instructor se aferran a descartarla. Si se efectúa la declaración de Torres sin impedimentos y cortapisas se va a poner sumamente difícil la extraña exclusión de la infanta Cristina. Se comprende el empeño en excluirla, porque si la conducta de él es un tremendo golpe a la monarquía, la de ella le implicaría mortal. De ello se deduce que es de temer quede muy alambicado el hacer justicia con el yernísimo, consecuentemente con el matrimonio. Es algo que ya he significado desde otro enfoque. No sabemos los ciudadanos corrientes y molientes a ciencia cierta si existe presión política hacia la Fiscalía y el Juzgado para no incluir en la causa penal a la hija de don Juan Carlos; ahora bien, la actuación que últimamente ha tenido la Casa del Rey da pie a sospecharlo; me refiero a la improcedente, impertinente, petición al sindicato Manos Limpias, lo que ya en estas páginas tengo comentado.

Estima Jiménez Losantos que “sólo hay dos testigos importantes en el enriquecimiento de Urdangarín: su socio Diego Torres y su socia y esposa la infanta. Esos son las claves, los que estaban al día de lo que hacía, pensaba y meditaba Urdangarín”. Qué duda cabe que son los más importantes, y los que aún están por declarar. No obstante, el abogado del seudo duque ha presentado un escrito al juez Castro asegurándole que ni Cristina de Borbón ni el Jefe del Estado tienen que ver con los negocios privados de su cliente, que el pretender relacionarlos en el sumario es espurio e injustificado. ¡Bueno, si él lo dice o su cliente!, ellos no son engañosos. En cuanto a la comparación que el sindicato Manos Limpias hace de la infanta y de Ana Tejeiro, afirma el Sr. Pascual Vives que “no tiene, ni puede tener, parangón posible”, y aduce que la primera “tuvo una participación activa”, mientras la infanta “ni siquiera actuó”. Para este abogado, firmar no es actuar; bueno, ellos en algunas ocasiones se ven obligados a decir cosas peregrinas en defensa de su cliente, sobre todo cuando la defensa de éste estriba en trabucar, en dar la vuelta a los hechos para tratar de engañar al juez. Claro está que a Urdangarín no se le puede defender con la verdad.

El juez, por su parte, mantiene su postura de no citarla como imputada, y considera, sobre los “recelos” del supuesto desconocimiento de Cristina de las actividades de su marido, que se trata de “dudas que, por mucho que puedan ser comprensiblemente compartidas por un amplio colectivo de personas, no justifican por sí solas (…) la imputación”. Pero ojo, si mantiene su postura de no citarla como imputada, es cierto también su exposición de que “no prejuzga lo que pueda adoptarse si las circunstancias de hecho, que desvelara la instrucción, variaran”. Deja la puerta abierta, como no puede ser por menos, y, repito, puede verse en un brete en el sentido de aprieto sin efugio o evasiva. Es triste, maléfico, que el Poder Judicial no sea verdaderamente independiente del Poder Ejecutivo, se evitaría así el que pueda darse la pena de que haya mediación cuando un juez imponga la pena, con perdón de la redundancia.

Yo creo en el juez, pero únicamente en él, y es incuestionable que se mueve en un terreno difícil, escabroso, siendo así lo que desea –pienso- es que llegue a presentarse el motivo de tener que citar irremisiblemente a la infanta que todo lo ignora, salvando de tal modo la probable presión en contra, o más que probable, visto lo visto. Mientras tanto va bandeando la situación, dando, con referencia a la sociedad, una de cal y otra de arena, centrándose en Urdangarín. Evidente que es enojoso para la sociedad esta inhibición de la esposa, socia y copropietaria del procesado, constituyendo una cuestión batallona, máxime cuando, como es sabido, a veces entre las mentiras de los abogados y triquiñuelas de los jueces se produce el desafuero. Es, en definitiva, el juez quien interpreta la ley. Decía Napoleón que la ley ha de ser clara, taxativa, interpretarla es corromperla. Hay leyes malas y hay interpretaciones peores. Y, por supuesto, hay magníficos profesionales del Derecho, jueces que trabajan a fondo los sumarios, que no emiten sentencia a la ligera. No juzgue usted a la ligera y estará seguro de no equivocarse, que dice nuestro Premio Nobel Jacinto Benavente y cuya aserción es válida en el plano jurídico y en general.

Claro, la esposa de Urdangarín de nada se entera tratándose de pecunia, ni siquiera traducida en bienes raíces, mas debiera estar enterara de la imagen que tiene ante la sociedad y, si es errónea, no esconder la cabeza bajo el ala, tratar de presentar su vera efigie, verdadera imagen, en el orden moral y ético. Su pasividad ante el escándalo que han dado deja estupefacto al más pintado. Puede leer comentarios como este que viene en el artículo “Urdangarín en la senda de Matas”, de Carlos Carnicero, publicado en Diario SIGLO XXI.com:
Me encantó el artículo de opinión. Lo más importante de todos estos temas de corrupción no es de qué partidos políticos son, sino que hay que luchar contra la corrupción, y lo más importante de los políticos es intentar trabajar para el pueblo, no aprovecharse de él. Pero el tema de Urdangarín es totalmente diferente al de los políticos. Es una persona que ha adquirido un statu y título que se cree que tiene todo derecho de utilizarlo sólo para su provecho. Es asquerosamente repugnante su falta de ética y utilizar una institución, fundación o empresa SIN ÁNIMO DE LUCRO para lucrarse. Ha roto toda la credibilidad que tienen ONGs, fundaciones… Es increíble la falta de escrúpulos de él y la de la infanta. Es absolutamente INCREIBLE  y no se entiende cómo no le sacan el título de Duques de Palma y no renuncia al título de infanta.

Tanto él como ella evidencian que siendo quienes son tienen derecho a hacer lo que les dé la real gana. Él ha hecho de su matrimonio una patente de corso. Se aferran a campar a sus anchas, sin control, sin límites, sin restricciones, y tanto tienen ellos –todos los reyes en general e hijos de éstos- la culpa de ser así –lo son a nativitate, de nacimiento- como los Gobiernos por su permisividad. Claro, clarísimo, evidente, cierto, manifiesto, que, como acaba de declarar el ex fiscal Anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, el proceso abierto a Iñaki Urdangarín es “un ejemplo más de la eficacia de la justicia balear ante la corrupción”. El relevante jurídico ha apuntado algo que viene diciéndose por activa y por pasiva, y es que cuando no existe eficaz control suele caerse en la corrupción, pero además “hay una tendencia a creerse impune cuando se ostenta determinados cargos o determinados títulos”. Efectivamente, y tales caídos encima se indignan, por el contrario de avergonzarse, de caer en manos de la Justicia. A Villarejo, como jurista demócrata, le satisface que no haya escapado a la misma el yerno del rey porque implica una “deslegitimación, aunque sea todavía progresiva y lenta, de la Monarquía como institución de la Jefatura del Estado”. Si no se da al traste, destruye, anula, el proceso o causa criminal del referido reo y la condena es, cual por lo menos debe ser, de bastante relieve de castigo, la monarquía queda herida de muerte.

El enriquecimiento torticero, que es el del matrimonio Urdangarín-de Borbón, se define en Derecho como “enriquecimiento que, obtenido con injusticia y con daño de otro, se considera ilícito e ineficaz en derecho”. En su momento, pues alguna persona o entidad ya lo ha anunciado, aparecerán demandantes reclamando su dinero que Urdangarín y Diego Torres les sacó con malas artes. Peores las del primero por exhibir como señuelo la realeza de su mujer y la de él por extensión. Al servirse de tal circunstancia para atraer, persuadir, inducir, para practicar su falsía, trincar, ha caído en el summum de la inverecundia, hallándose ya en la opinión de la sociedad reputado como un individuo abyecto. No es para extrañarse, empero, que su mujer continúe a su lado habiéndolo estado siempre en todo, a ella le toca esperar, ver si termina implicada y, de conseguir no serlo, conocer el final del pleito en lo que concierne a él. Y si tienen que devolver, qué cuantía le afecta, por cuanto en la faceta económica no va a ser también excluida. Quizá esta circunstancia de lo unidos que están, no ya sacramentalmente, sino en el enriquecimiento es lo que le ata.
Tanto para este matrimonio tan comprometido judicialmente –la infanta también como tal aun en el tiempo que persista el régimen monárquico- como para la monarquía muy significativo va a ser este año 2012 y el curso que siga la acción judicial contra el familiar real, con pinta siniestra –repito- si no se escapa Cristina de Borbón de ser encausada –ya serían dos personas de la realeza, y una consanguínea-. En la línea, tantas veces apuntada y con diversos motivos, de la prepotente monarquía española implantada por el dictador Franco, se encuentra lo que de modo increíble acaba de suceder, como si se hubiera de seguir dictatorialmente, y es que la Casa Real no quiere equipararse en transparencia al Estado (sic). No ha de ser así nequáquam, de ningún modo; hay que enterarse de que ya no hay dictadura y no cabe, por ende, el poder absoluto, arbitrario, no sujeto a las leyes, y el rey percatarse de que su monarquía no es absolutista sino que está bajo la Constitución.

A ver si, recapacitando, abre sus puertas la Casa Real en el próximo otoño, en que se consolidará la Ley de Transparencia, y aceptan rendir cuentas plenamente. A lo largo del reinado actual sólo se ha conseguido en el último año gracias al escándalo del matrimonio Urdangarín-De Borbón, aunque únicamente en lo que atañe a la asignación que el rey percibe de los Presupuestos del Estado, es decir, de los españoles. Y esta negativa a no ser incluida la Casa Real en la citada ley se produce precisamente cuando están arrastrando no ya “el pesado fardo de la miseria”, de que habló un poeta, sino el aún más pesado de la vergüenza, por la consabida desvergüenza que se le imputa al yerno y a la hija del monarca por parte de la sociedad; por la de la Justicia, a él de momento. Sin duda que la postura a adoptar en esto, como en general, estará relacionada con el cariz que vaya tomando el “Caso Babel”. Quizá hasta el 22 de mayo con la declaración de Diego Torres, no surja noticia importante en torno al matrimonio de referencia y a esta monarquía con aires de absolutista. ¡Hay tantos otros temas de interés y menos enojosos de que hablar!

Por: MANUEL LOPEZ PERALTA

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