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marzo 22, 2012

El caso de urdangarín y su trayectoria desconcertante

Es todo un caso -escandaloso y delictivo-, un caso insólito, por mucha broza que haya, que de hecho hay, en la Historia. En la de España hubo una infanta republicana pero no corrupta en el sentido económico; me refiero a Eulalia de Borbón y Borbón, hija menor de Isabel II y “oficialmente” de su primo hermano y marido Francisco de Asís Borbón y Borbón -biológica del secretario de su madre, Miguel Tenorio-. Chocó constantemente con su sobrino Alfonso XIII; en fin, no es mi intención hablar de ella, lo que ya hice en otro artículo, la saco a colación de que llamada la oveja negra de los Borbones, ¿cómo podríamos denominar a Urdangarín? ¡Menuda oveja, pero tampoco con tanta diferencia de lana color calidad! En cuanto a los maridos de infantas ha habido viciosos de tal o cual índole –el mismo Antonio de Orleáns, primo hermano y marido de la citada Eulalia, como hijo de su tía casada con el duque de Montpensier-, pero ninguno que como el de Cristina de Borbón Grecia haya caído en poder de los Tribunales de Justicia en causa penal por apropiaciones indebidas y delitos anexos. Otra cosa es por parte de reyes y reinas, mas algunos de tales casos, como por ejemplo el de María Cristina, sobrina carnal y esposa de Fernando VII, con su segundo esposo Fernando Muñoz –le hizo duque de Riánsares, un río de la provincia de Cuenca- aun cuando tampoco fueron pasto de Juzgado, se resolvió políticamente: destierro.

En Urdangarín y la infanta Cristina ha habido una especie de destierro, muy especial por cuanto venían a España cuando se terciaba, representaban en actos oficiales y percibían dinero del Estado por tan “duro” trabajo. Tras la sentencia del juez llegara a verse con claridad meridiana si era o no la pertinente actitud a tomar por el rey. ¿Por qué no haberle denunciado a la Justicia? Es lo que la sociedad se pregunta tras de haberse descubierto y publicado sus andanzas. Si su suegro las conocía, debió denunciarle. Hace poco pudimos leer que si Urdangarín es condenado judicialmente, IU piensa pedir explicaciones a don Juan Carlos, ya que se hallaría inmerso en delito de encubrimiento. El individuo en cuestión no solamente ha comprometido a su mujer [¿Por qué ella se ha dejado comprometer? Es pregunta que salta ipso facto], también a su suegro. De rechazo al Gobierno, porque éste está obligación a controlar la Familia Real, que dé una conducta ejemplar en todos sus miembros.

Al campeón de balonmano, que tras su matrimonio ha querido y ha podido serlo del fácil y rápido enriquecimiento, se le acaban de señalar cuatro delitos: Fraude a la Administración, prevaricación, falsedad documental y malversación de caudales públicos. Por ellos irremisiblemente será condenado. Ello traerá la consecuencia dicha y otras; todo fatal para la monarquía, a la que, por otra parte, el juez opta por no involucrar a fin de evitar efectos colaterales, apuntando que se ceñirá a Urdangarín. Vemos a este respecto el esfuerzo del fiscal y juez por excluir a la infanta Cristina, lo que sabe a la ciudadanía bastante mal. Llegada la caída del yerno real en manos del juez Castro, dijo el rey que tendría que defenderse como cualquier otra persona, sin ningún género de privilegio. Luego vino lo de recordarnos que la ley es igual para todos. Debió añadir: “y como no hay regla sin excepción, lo soy yo de la misma”. La Constitución en este artículo tampoco indica excepción alguna, por lo que contradice este artículo 14 con el 56 que le hace irresponsable judicialmente. Injusto es que la igualdad ante la ley tenga esta excepción nominal y alguna otra camuflada, debía ser regla general sin excepciones como la muerte.

No deja de suponerse por la inmensa mayoría de las personas –siempre hay tontos- que el presunto y variado delincuente goza de algún privilegio “realmente”, puesto que tiene sobrados motivos para no continuar en libertad, lo está, y encima continúa cobrando un “jornal de lujo”. Ya referí en otro escrito la diferencia entre Jaume Matas y Urdangarín, siendo ambos de similares “méritos” de conducta. También se sostiene, y esto por reputados jurídicos, lo que de privilegiada tiene la infanta, por ser tal, frente a la mujer de Diego Torres, cuyo abogado de éste ha reclamado igualdad de trato.

Debe darse por muy satisfecho el rey de que por parte del fiscal y del juez instructor que está juzgando a su yerno quieran preservar toda lesión para la monarquía. ¿Qué reciprocidad hay? Enojoso el paso que acaba de dar la Casa del Rey; veámoslo en la versión del programa Crónica Rosa, con palabras e ideas de Federico Jiménez Losantos:

El sindicato Manos Limpias ha denunciado que la Casa del Rey le presionó para que quitara la denuncia como acción popular contra Urdangarín, y preguntado el portavoz de la Casa del Rey ha dicho que no tenía nada que comentar a otro. ¡Bueno! sí tiene que comentar, tiene que decir que es falso, porque si no dice que es falso, es verdad, y si es verdad hay que echar a esos funcionarios que han buscado impedir como sea la acción de la Justicia. Lo subrayo. Sigue comentando Losantos:

Realmente la llegada de Ayuso está siendo desbastadora, el otro era al estilo de Sabino y de Gutiérrez […] La Casa del Rey llamando a Manos Limpias, aparte de una cosa delictiva, sórdida, siniestra y estúpida, es que además la perpetran idiotas, porque cómo no pueden imaginar que si alguien llama de Zarzuela a ese sindicato no lo va a contar. Y lo lógico es que lo hayan grabado. No deben haberlo grabado, porque nosotros lo habríamos tenido y emitido. ¡Pero es que esto es intolerable!

Es una patente –patente y marca- contradicción entre palabras y hechos, decir una cosa y actuar contrariamente a lo dicho. Asimismo, ahora digo esto y luego lo otro, es la confusión marcada por la rectificación. Es el donde digo, “digo”, no digo “digo”, sino digo “Diego”. Partiendo de esta postura de rechazo de Urdangarín y, por otra parte, indirecta defensa, está claro que es burlar a la ciudadanía, que, dicho sea de paso, dejó de ser súbditos por la Constitución de La Pepa. La Casa del Rey tiene muy arraigada la norma de silencio al ciudadano, ¡se lleva tantos años practicándola! El rey debiera corregir su Casa en este aspecto, que no se impida la información, pues que tienen obligación de facilitarla. Y que no interfieran se solicite justicia. Comparto el enojo y estupefacción con Jiménez Losantos.

La perfidia y la mentira es bastante corriente en los reyes cuando gobernaban; Fernando el Católico, por ejemplo, se distinguió como pérfido al arrojar del trono de Nápoles a sus legítimos reyes, y, en cuanto a mentir, engañó varias veces a Luís XII faltando a la palabra dada. Los reyes tendrán humos, ¡pero lo que es palabra!... En la política exterior puede tener alguna disculpa, no en la interior. Mentir a los votantes es demasiado desleal, sucio, suciedad que sólo puede superar practicar la corrupción o permitirla. Ahora al ser condenado por ladrón, se pide a Mariano Rajoy dé una explicación de las alabanzas que hacía de Jaume Matas. Habría que pedírselas también a José María Aznar por la misma razón.

Ha de asumir la familia política de Urdangarín que el problema por él suscitado si le afecta a ellos, también a los españoles, y de la misma forma directa e importante, daño ha hecho a ambas partes: a la sociedad como un ciudadano tremendamente corrupto, y a la Familia Real por ellos, que no dejan de formar en el Estado, y por tratarse de un miembro de su familia. Aunque tal sea, no corresponde que reyes hoy reinantes en España se interesen sólo por la defensa del referido. En esta disyuntiva está la obligación antes que la devoción, ya que, como es evidente aun para el de más limitados alcances, los reyes, el príncipe y las infantas se deben en primer lugar a la nación que representan: nuestra querida España.

Es lógico y natural que resultara incomprensible y molesto la visita y la fotografía que doña Sofía se hizo con su yerno en EE.UU. donde se encuentra en concepto de desterrado de lujo, ya no digamos el mal efecto que causó, como no podía dejar de ser, emitiera aquello de: Urdangarín es bueno, bueno, buenísimo. La verdad es que un corrupto no es muy bueno, que digamos. Lo diga quien lo diga. No ha sido bueno en absoluto para el Estado, del cual es jefe el rey, ni para la Familia Real; no ha tenido con ella miramiento alguno ni en el ámbito de familia, ni en el de la monarquía, cuya institución tiene como conditio sine qua non, condición indispensable, para su existencia el dar imagen de ejemplaridad.

Y en esta serie de virajes que da la trayectoria del caso del yerno de los reyes en manos de la Justicia, ocurre también que se esta dudando –relata refero, refiero lo oído, leído- si en el banquete de conmemoración de las bodas de oro de los reyes se invita o no a la infanta Cristina, por temer que se presentase con su muy amado cónyuge. Otra cosa abstrusa, pues se puede invitar a ella y prohibir a él la asistencia. Si no aceptase asistir sin él, pues que no venga, que siga corroborando que le importa su marido más que su familia y que la misma monarquía. Esto es algo tan abstruso como el hecho de que en la causa penal sea inhibida de la misma por el fiscal y el juez, según mención hecha ya.

Ya veremos que nos trae el futuro que, como es sabido, casi en definitiva depende de la sentencia que el Juez Castro dicte contra el acusado de la realeza, pero lo visto en cuanto al comportamiento que la Familia Real tiene con el encausado, empezando por la esposa y siguiendo por la suegra, ha de disgustar necesariamente a la ciudadanía, porque, como es palmario, su protección al matrimonio Urdangarín-Borbón es desprotección, abandono y desprecio al pueblo.

Por: MANUEL LOPEZ PERALTA





Ya que no imputen a la infanta es una tomadura de pelo, es un escarnio total, pero que encima le digan a un sindicato que quite una denuncia por corrupción al máximo nivel, ¿esto qué es?

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1 comentarios:

Anónimo dijo...

Magnífica aportación para un caso sangrante en la Historia de España.

El pueblo español está soportando una monarquía de cartón piedra impuesta por un dictador golpista. No se dio al pueblo la opción de elegir su destino ni la forma en que quería gobernarse y, puestos a aceptar la monarquía como una "forma de equilibrio para evitar males mayores", ¿por qué no en la persona del único y legítimo heredero de la corona, el rey D. Juan III?

Y si los tiempos de "males mayores" ya pasaron, superados los pruritos golpistas ¿por qué seguir manteniendo un estamento anacrónico, caduco y putrefacto absolutamente inútil e insultantemente costoso?

La Historia de España nos está exigiendo YA un refrendo popular mediante el que podamos decidir si queremos ser representados por un Presidente de la República Española, elegido por sufragio universal, responsable ante el Congreso de los Diputados y el Senado, y consecuentemente ANTE TODOS LOS ESPAÑOLES, o por un rey al que la Constitución exime de toda responsabilidad, cargando todos sus errores sobre los hombros del Gobierno de turno.

Verdaderamente, como figura decorativa, es demasiado cara.

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