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junio 01, 2012

La credibilidad en la familia Real cae en picado

- CREER EN REYES ES INGENUIDAD - 


Durante mucho tiempo Urdangarín defendió su “honorabilidad e inocencia” –llevadas al ridículo el día de su declaración en Palma ante el juez Castro- hasta que se percató de que era una tontería, que iba contra una realidad clarísima, innegable, pues. Entonces quiso cambiarlo por declararse convicto y confeso para no ir a la cárcel, con vista al descuento de años de prisión por un delito, y otro, y otro, cuanto se le reúnan –ya son cuatro y va para cinco- y por tal reducción no alcance el máximo de inevitable ingreso en la mima. Difícil lo tiene por lo descubierto recientemente: setecientos mil euros en un banco de Suiza; hay que acusarle ya de fraude fiscal, el cual implica de uno a cinco años de prisión. Dados los que suman sus múltiples delitos, no puede haber manera de mediante reducción dejarlos en dos años, tiempo por el que se le puede evitar judicialmente su ingreso en prisión; en fin, que este angelito real tiene “justa y realmente” ganado ir a la trena.

Bajo presión de su suegro, el rey, declaró a la agencia Efe en Washington: Ante la acumulación de comunicaciones relativas a mis actuaciones profesionales, deseo puntualizar que lamento profundamente que las mismas estén causando un grave perjuicio a la imagen de mi familia y de la Casa de Su  Majestad el Rey, que nada tiene que ver con mis actividades privadas. El individuo mentía entonces, y mintió en su declaración, no sólo, por supuesto, a pretender desvincular de su… obra a la cónyuge. Sabido es –ha quedado publicado en más de un medio- que el monarca conversó  con él para pedirle que excluyera a la infanta en su declaración, evitase comprometerla. ¡Bien comprometida estaba y está cual considera la sociedad civil! No lo está, oficialmente, hasta la fecha y no, obviamente, por lo que haya mentido Urdangarín para ello, sino por motivo más poderoso, pero evidentemente es pretender tapar lo que es traslúcido y trasparente a toda tapadera.

Es empeño que, si ahora se mantiene, puede llegar a no conseguirse, depende del sesgo que tome el proceso penal. Cada día se ve más a las claras cómo decae la credibilidad en la familia real, aparte de que no cesa, fecha tras fecha, la aparición de un sumando más en el enriquecimiento del matrimonio Urdandangarín-Borbón. Y ya se publica, ya cayó la mordaza, por lo que recientemente se emitió un programa audiovisual con este título: “Las cuentas de Urdangarín”, en el que su director afirma que éste ha robado con la infanta y con la anuencia de su majestad. “La reina de España –exponía con vivo reproche, y en verdad que no es para menos- va a visitar a estos dos defraudadores. [---]  “La infanta Cristina es una infanta de España y está en esto, y sigue siendo infanta de España y está al lado de este señor, no puedes conciliar las dos cosas. Pero qué fortuna tiene este tío y cómo es posible que no le hayan echado ya, a él y a su señora, de la familia real, porque van al 50%.”

Pues así es, y así lo contemplamos toda la ciudadanía, quedándonos estupefactos. Ya no alucinan en el sentido de seducir o engañar haciendo que se tome una cosa por otra, todo el mundo –en nuestras fronteras y allende- puede ver su verdadera efigie, tan a la vista la moral como la física; ya no pueden engañar ninguno de ellos, ni cuentan con tantos que les sigan por conveniencia mal entendida. No engaña esta familia ni la Institución. Claro está que siempre habrá tontos y pretendidos aprovechados que no quieren ver la verdad. Ahora no deja de haber quienes esperan hallar algo de bueno reinando el príncipe de Asturias y doña Letizia. (En primer lugar sería imprescindible que éste no fuera también irresponsable ante la ley como su padre, lo que debía quedar abolido ya). Precisamente Jaime Peñafiel, en una entrevista que se le hace con motivo de su libro Mis divorcios reales” hace esta pintura del príncipe Felipe cuando le preguntan por qué siente inquina contra doña Letizia:

--Yo no siento inquina hacia ella ni hacia nadie, aunque pienso que no era la persona adecuada. Cierto que ha transformado positivamente al Príncipe, que al ser un muchacho déspota, malcriado, con una oligarquía de mamá y las hermanas, antipático hasta decir basta y poco sociable para la prensa, se ha convertido en un joven amable, asequible, simpático y siempre dispuesto a atender a la prensa. Pero, al mismo tiempo, Letizia se olvida de que ella es la consorte y no la titular. Debía controlarse más y no intentar demostrar ser la más lista e inteligente. Debía de aprender de doña Sofía. No lo de sufrida esposa sino estar en su lugar junto al Príncipe, pero no por encima de él.
También le preguntan:
--¿Hasta cuándo tendremos monarquía en España según su opinión?
-- Hasta que viva el Rey. Luego es una incógnita. Los juancarlistas difícilmente serán filipistas.
Tal pregunta y repuesta  se complementan con estas otras.
--¿Piensa que el príncipe Felipe llegará a reinar con el descrédito que tiene la monarquía en España?
-- El Rey es todavía un hombre joven. Tiene 74 años y, aunque una mal salud de hierro, todavía puede vivir 8 ó 10 años porque lo que nunca va es a abdicar ¿Dentro de 8 ó 10 años existirán las monarquías y existirá España como nación? Yo lo dudo. A lo mejor usted también.

Vemos que Letizia le ha dado la vuelta a Felipe como a un calcetín, pero no hay que fiarse, quien tuvo y retuvo, no teme por no tener; como decía Lagartijo al final de su carrera taurina: “donde había lumbre. ¡je!, todavía hay rescoldo. Generalmente los hijos de padres separados arrastran trauma y deficiencias de educación. Y esto dejando aparte lo de “humos de rey”, altivez, vanagloria…. Acaso a Leticia no se le ha subido a la cabeza tales humos, coloca a un mendigo en un trono y se comportará como un rey, aforismo de Camón Aznar que, con semejante motivo, cité en otra ocasión. Letizia por ser princesa con opción a reina se entusiasmó y así, según ciertas plumas, continúa, mas ya no es, ni mucho menos, para que conciba la misma esperanza. En el citado programa “Las cuentas de Urdangarín”, hay esta tajante reprobación: La primera familia, los que tienen que dar ejemplo, son los primeros que están robando. Primero roban, y luego no pagan sus impuestos por lo que roban, que ya es el colmo.  
En cualquier caso, aun no llegando a reinar como reina consorte, y aunque fuese princesa anulada, su boda con Felipe de Borbón es bastante mejor, habida cuenta de que su segundo suegro, Juan Carlos de Borbón, que sin tener fortuna la hizo al ser rey, que la que hizo con su primer marido, Alonso Guerrero, con quien sostuvo diez años de relaciones y algo más de un año de matrimonio, relacionándose seguidamente a divorciarse con su compañero David Tejera con quien convivió y al que dejó –hay quien dice, por el contrario, que acaba de romper con esta pareja y se había ido a vivir aparte- por Felipe. No voy a presentar ambas versiones, que muchos de mis lectores conocerán, pues ni quita ni pone al tema fundamental de este escrito, así como tampoco detenerme en sus relaciones de amigos durante su estadía en México, donde contactó con el célebre pintor cubano Oswaldo Saavedra, del que fue musa y modelo. Aquí no viene a cuento, pues, hablar del buen desnudo que de ella hizo.

Letizia fue siempre una mujer liberada, moderna, o sea, libre de convencionalismos morales y sociales, así como sus hermanas y sus padres, éstos también divorciados; por cierto que la pareja de éste se negó, con buen criterio, a asistir a la boda principesca para no encontrarse con la madre de la novia. Dicho sea de paso que siendo doña Sofía la madrina, el rey debió ir del brazo de su consuegra, mas se negó y decidió hacerlo del de su hermana Pilar. Finis coronat opus, el final corona la obra. Si los matrimonios de las infantas fueron descabellados, no le fue a la zaga el del príncipe. Y sin que, por supuesto, el rey dejara de considerar que sus hijos se cargaban la monarquía con sus elecciones matrimoniales. Éstos querían, quieren, ser como cualquiera en cuanto a actuar, pero, eso sí, sin dejar de ser quienes son, no perder sus privilegios. Si las familias reales –Antonio Gala dice-, además de sus altos y estáticos privilegios, quieren tener los de los pequeños burgueses (amores, celos, cuernos, divorcios, suicidios falsos y otros modestos aditamentos de la vida) por mal camino van. Porque, si todos fuésemos iguales, salta a la vista que todos seríamos iguales para todo.

La boda del príncipe no se comprendió pero se impuso desconocimiento y silencio, repitamos una vez más lo consabido, y bajo ellos se verificó; después al ir trascendiendo el pasado de la elegida aumentaron los que en su fuero interno rechazaron tan impropia elección, mientras la familia real continuaba blindada en el silencio, es decir, sin poderse hablar de la vida de ninguno de sus componentes. No pueden ser personajes más públicos, y del erario público viven y a todo tren, o gran tren de vida, es decir sin reparar gastos, con fausto y opulencia. ¡Caramba lo que grava la Casa Real! Y, ante la bestial crisis económica en que nos hallamos,  se rebelan contra los recortes aun imponiéndoseles menos que a otros organismos y personas. ¿Será por razón de amor a España y a sus “súbditos”? Bueno, los reyes siempre fueron así, siguieron el refrán que dice la caridad bien entendida empieza por uno mismo –en caso de los reyes cabe añadir- … y no pasa de ahí.

Tuvieron que aceptar, digamos una vez más, lo que mucho les viene doliendo, la ruptura del silencio que tras el escándalo de Udangarín: ser pillado por la Fiscalía Anticorrupción, se produjo. Y la familia real salió a la palestra, pudiéndose ya hablar sobre ellos, lo que hasta entonces cuanto se emitía era subrepticiamente. En tal límite la información, el poder conocer. Ello se acabó, la monarquía hoy día no puede anular la libertad de expresión, lo que, por otra parte, es trasgredir el artículo 20 de la Constitución. Nunca se repetirá lo bastante aun cuando ya han terminado enterándose. ¿Es una familia real moderna? También lo es la inglesa, que tanto ha dado que hablar, y no impusieron censura. Y en España está acabó tras de aquel Ministerio de Información y Turismo de la época franquista que la llevó a cabo, tanto en el libro como en la prensa, de manera férrea. Y el que suscribe puede hablar por experiencia.                  

¿Son modernos? Tontos hay que dicen que las monarquías se modernizan. Pues no. Sólo y únicamente en lo que les da la “real” gana. Felipe –diga lo que quiera la Constitución tan quebrantada por unos y por otros- cuando se aferró a casarse con Letizia fue “moderno”,  no siguió el camino de los hermanos de su abuelo paterno. Hay que renunciar a heredar la corona por sí y para los descendientes. También si hubieran sido “modernos” Eduardo VIII de Inglaterra  y la plebeya divorciada Wallis Simpson hoy no estaría en el trono, cumpliendo sesenta años en el mismo, la hija de Jorge VII e Isabel Bowes-Lyon, es decir, Isabel II, señora que ha llevado tan a mal que su parienta lejana no haya asistido a la celebración de su 60º aniversario de reinado. La reina Victoria de Inglaterra es tatarabuela de ella, de su marido Felipe de Edimburgo, de Juan Carlos I de España, de su esposa Sofía de Grecia, asimismo de Margarita II de Dinamarca, de Carlos XVI de Suecia y del rey Harald V de Noruega, el ex novio de doña Sofía.

Con Victoria de Inglaterra están emparentadas las casas reales europeas. Esto no significa que como en cualquier familia, no real ni de sangre azul, cada uno haya mirado pro domo sua, para la casa suya,  y el caso de la usurpación de Gibraltar puede servir de paradigma. Se molesta el reino de Inglaterra por no asistir a la indicada celebración los titulares del reino de España, como determinación del Gobierno, y España no puede quejarse, según Inglaterra, de que aún no hayan devuelto la colonia de Gibraltar, que, lejos de ello, alardeen de tal posesión partiendo de ella los miembros de la casa real inglesa en sus viajes de novios. Son tan “razonables” y “honestos” como los hay en los plebeyos. La Historia está plagada de injusticias, sin distinción de sangre azul o roja. ¿Credibilidad en la monarquía? ¡Vamos, qué tontería! Como no sea en la de España por lo que Urdangarín tiene de… “””intachable”””. Muy inteligentemente dijo su suegra: Urdangarín es bueno, bueno, buenísimo.

Si las infantas, ya que no se casaron idóneamente, lo hubieran hecho con multimillonarios, empresarios, o con personas de relevante carrera, intelectuales…, pero lo efectuaron con individuos irrelevantes. Bueno, bien, por el Amor, todo por el Amor. Lo malo que no se resignaron, y como tanto se ha repetido: Si querían vivir como multimillonarias, ¿por qué no se casaron con multimillonarios? La monarquía española se encuentra indubitadamente en una encrucijada, ¿pervivirá durante la vida de don Juan Carlos? No se puede asegurar, aunque a ello se aventure Peñafiel. Fundamentalmente depende de que al rey le involucren o no en el indebido, ilegal, enriquecimiento de su yerno y de su hija. Involucrado está para la ciudadanía y no debiera soslayarse, como en primer lugar a la infanta esposa de Urdangarín y copropietaria con él en el trinque. Si se cometiera una alcaldada a nivel gubernamental interceptando la Justicia, sería vergonzoso. E igualmente si ésta no actúa con ecuanimidad, aunque se trate del yerno del rey, de una de sus hijas y del mismísimo jefe del Estado.

La sociedad civil, ya bastante fastidiada por los dos partidos dominantes, no dejaría de tomar nota  bene, observa bien, parar mientes, porque en verdad que sería llevar el inconmensurable escándalo que gravita sobre España a su enésima potencia. El rey no ha controlado a su familia, ni el Gobierno –Partido Popular o PSOE-, cumpliendo con la Constitución, ha controlado la monarquía. Y así se ha llegado a… lo ocurrido. La credibilidad en la familia real y en la monarquía no cabe, pero a ver si este Gobierno y la Justicia infunde la bastante en la sociedad.

MANUEL LÓPEZ PERALTA  



                                        
  
  

                                                                        

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