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junio 01, 2012

Quien mal anda mal acaba

Preferí siempre una pobreza sin tacha a las riquezas mal adquiridas. 
- Aristóteles -


A principios del año pasado apareció el libro  “La monarquía inútil” del segoviano Enrique de Diego. Como dice en un vídeo sobre su ensayo, el libro es malo para la monarquía, bueno papa los españoles. Y en él: Enrique de Diego: Este libro es el ataque directo al núcleo del mal: “el borbonismo”. El balance de Juan Carlos es nefato.


Se hizo un botín electoral, se crearon las Autonomías, se convirtió la política en una especie de tómbola que ahora mismo esta haciendo quebrar a la nación, una casta parasitaria y el gesto de la casta parasitaria es Juan Carlos. La gente ha sido durante cuatro décadas abrumadas por una propaganda monárquica-juancarlista, el motor del cambio, la sacrosanta transición, las proezas que parece que se reproducían cada día. No es verdad, es una época pragmática lisa y llanamente, y desde luego con una frivolidad, una inconsciencia en la generación de modelo de Estado, que estamos pagando muy caro. No lo pagan ellos, porque ellos viven en el privilegio.

Pone de relieve el buen maridaje existente de monarquía y Autonomías, porque se benefician mutua y recíprocamente, estando siendo ambas ruinosas para España. De Diego asegura que lo que ha generado el Borbón es insostenible, es un cachondeo, es un grupo parasitario que explota a una población, que hunde a una sociedad. Señala que todo el mundo sabe que de la monarquía no se puede hablar y que de ahora en adelante, con “La inútil monarquía”, el tabú ya está roto. Es patente que ya en 2011 iba en franca decadencia pero aún la monarquía estaba bastante blindada, que tocante a cualquiera de la familia real había que hablar poquito y, por supuesto, de modo  laudatorio, o sea, mintiendo, había que seguir las apariencias aun cuando harto se viera la verdad. La Constitución no coarta la libertad de expresión –dedica a ésta el artículo 20-; ahora bien, la prensa ha estado como el mismo autor critica. En el libro de papel tratando de Juan Carlos I alguno consiguió ver la luz, otros murieron en el intento. El que consiguió publicación, no grande fue su horizonte. Asimismo publicados en el extranjero no lo fueron en nuestro país. Alguno sólo puede conocerse en Internet.

Dentro de imperfecciones doradas –la bisutería barata pasada por alhaja o el oropel por oro- expone Enrique de Diego: El lavado de cara de doña Leticia Ortiz que de ser una mujer progresista, desinhibida, abortista, republicana, de rompe y rasga, pasa a ser una modosita católica tradicional y una madre de familia encantadora. Ya he relatado en algún escrito anterior cómo acerca de ella impuso don Juan Carlos silencio, actuando más como un rey absoluto que como constitucional –la Constitución se dejó de lado-. Inexactitudes se emitieron también cuando se presentó a los inadecuados novios de las infantas; por ejemplo, de Marichalar dijeron que era economista. No ha dejado de comentarse, máxime después del escándalo del matrimonio Urdangarín-Borbón, por la prensa y los ciudadanos en general, que si las infantas querían vivir a lo grande que se hubieran casado con millonarios. Asimismo se ha lamentado la desaforada dedicación de los yernos del rey a los negocios, no bastaba servirse de ser quienes son para tener un buen empleo. Por supuesto y tomando por paradigma a Marichalar, por muy encima de su cualificación.

No se ha querido seguir la norma por la que optó el filósofo griego. Dice Platón en “La república” que para el bien de los Estados convendría que los filósofos fueran reyes, o que los reyes fueran filósofos. Bueno, si era para pensar con la honestidad de Aristóteles. Observa Juan Balansó que no hay ningún rey pobre; en efecto, es así a pocos años que haya reinado. La familia sí puede serlo, cual el propio don Juan Carlos de Borbón y Borbón. En seguida solicitó donativos –podemos leer- para afianzar la monarquía. Craso error. Consideraba Napoleón que para ganar una guerra hace falta dinero, dinero y dinero. Sí, y también para perderla. Una monarquía moderna ha de perdurar lo que perdure a base de ejemplaridad, ¡y ésta ha cojeado tanto!, dicho sea en lenguaje coloquial: faltar a la rectitud en algunas ocasiones –recientemente safari en Botsuana- / adolecer de algún vicio o defecto.

La nación se encuentra contra la monarquía, ahí están titulares como el de IU – Ca, avisa del “afán de riqueza, buena vida y corrupción de la Corona Española”. Desea que se aplique el mismo recorte a la Casa Real que a educación y sanidad. Nada más procedente, habida cuenta de que a un país le es imprescindible la educación y la sanidad pero no la monarquía, ésta es mero lujo y tan costoso como superfluo. Su desaparición y, con ella, la de las Autonomías –se sostienen mutuamente, insisto- sería practicar el importantísimo recorte que se impone en sindéresis. Me hallo totalmente de acuerdo con el autor del libro citado, y de “Historia clara de España reciente”, entre otros, que para dar al traste con ser juguete de la política de hoy –tan acomodaticia para quienes en ella están acomodados- se impone una república constitucional, presidencialista.

Estamos envueltos en un cúmulo de mentiras y deshonestidad. Y muchos de estos corruptos se llaman católicos; los que pertenecen a la familia real lo son “oficialmente”. Recordemos que Letizia Ortiz como atea no se casó por lo civil –otra cosa es efectuarlo por desconfianza en la continuidad de la coyunda, ya que en nuestra días casi todos los matrimonios tiene fecha de caducidad como los productos alimenticios- con su primer marido, Alonso Guerrero, y que el ser católica e infanta tampoco fue obstáculo para Elena Borbón en cuanto a separarse de Jaime Marichalar, ¡qué importa aquello de quos Deus conjunxit, homo non separet, lo que Dios ha unido no lo separe el hombre, y otro camuflaje al canto: anunció la Casa del Rey que los duques de Lugo dejaban amistosamente de convivir durante una temporada. Larga temporada ya y con una amistad de Juzgado por medio. Siempre el torear el engañas a la ciudadanía. Aunque católicos como familia real española dejan mentir, que es agradar al Padre de la Mentira, título dado por Cristo al diablo. Siendo republicano se puede ser o no ser cristiano, pero siendo monárquico y además de la familia real española hay que serlo inexorablemente.
Del afán de buena vida, importándoles un bledo que sea a costa de esquilmar al país da fe la boda fastuosa que ahora ha hecho cincuenta años de la hija de los reyes Pablo I y Federica con el hijo del conde de Barcelona con probabilidad de llegar a rey si Franco no rectificaba de su idea. Grecia pasaba por grandes dificultades económicas –ayer como hoy, hoy como ayer-, y, no obstante, Federica de Hannover, que como su hija mayor hoy se sentía muy reina, impuso al parlamento votar una ley mediante la cual el Estado griego fijaría una dote a la princesa Sofía de nueve millones de dracmas. Sólo la derecha votó a favor, los demás en contra o se abstuvieron, pero como tenían mayoría pues recibió tal dote. La celebración que también fue pagada con dinero del Estado, ascendió, según periódicos extranjeros costó dos millones ochocientos mil dólares, cantidad exorbitantes en aquella época. ¡Qué les importaba que la nación padeciera tal crisis económica que gran parte de la misma se viera obligada a emigrar! Los reyes son insaciables, se creen que la nación es una finca de ellos como queda evidente en lo hereditario del trono. ¡Sencillamente es idea demencial!

Partiendo de estos esquemas a que están acostumbrados, el gasto que a España implica  la monarquía les tiene al fresco a la misma, siguen en su fausto, incluso en la brutal, arruinante crisis que padecemos. Por otra parte, no les impresionará tanto las grandes sumas trincadas por Urgandarín. Al parecer las matemáticas de ellos es otra, sobre todo para recibir, que no para gastar pues consideran que hay que pagarles todo. Al socaire de esta monarquía heredera de Franco se ha creado una clase política infatuada contra la sociedad civil, que no quiere enterarse que el político se halla al servicio de ésta, y no al contrario. De este engreimiento de los políticos, tiranía que ejercen, se queja Mario Conde, en “De aquí se sale”, pone el dedo en la llaga en estas líneas:

… el modo que tienen los dos partidos dominantes de concebir el poder en relación con la sociedad civil. Si ellos quieren, si les resulta, por lo que sea, conveniente la reforma, la pactan entre ambos y ya está. Pero si es la sociedad civil la que quiere introducir modificaciones constitucionales, entonces la cosa la visten de color negro oscuro. Y eso no puede ser. Pero es que es así como ven a la sociedad, que no es sino que un conjunto de votantes, que sólo pueden elegir entre listas cerradas, entre dos partidos mayoritarios, y que, además, una vez elegidos los representantes -por así decir-, estos harán con el voto recibido lo que digan los jefes de sus partidos. Y esto, que suena fuerte, que hace nada habría recibido el manido insulto de antisistema, hoy es una realidad percibida como tal por una inmensa mayoría de la población. Y precisamente por eso tiene el concepto tan negativo que tiene de la clase política y sus representantes. [Por si fuera poca sinrazón, algunos de ellos se convierten en corruptos]. Ese concepto es el que se encuentra en la base de los problemas que nos acucian, porque la sociedad quiere reformas en profundidad y los políticos, al menos muchos de ellos, quieren seguir con su mismo statu quo.

Sencillamente, cabalgan muy a gusto y no se bajan de su burrito. Tutti contenti, todos contentos, pero todos no son el triunvirato de la monarquía, el partido socialista y el partido popular –en la antigua república romana fueron César, Pompeyo y Craso-. La sociedad civil está marginada y, por tanto, indignada. El eje sobre el que pivotar -continúa Mario Conde- me parece diáfano: recuperar el protagonismo de la sociedad civil, que quiere ser la dueña de su destino. Sí, corregir la ruina de España, tratar de levantar cabeza, y para ello –reitero- un insalvable obstáculo es la monarquía y las Autonomías –“auto-no-suyas”, que llamara Vizcaíno Casas-. El Estado de las autonomías –expone Conde- que hemos fabricado ha sido un error. La descentralización política sin lealtad constitucional es un dislate. Y eso es lo que ha sucedido. Teníamos la experiencia en momentos anteriores de nuestra historia, pero no se quiso atender a ella. Y ya vemos donde estamos.

El libro citado está publicado en octubre de 2011; de haber sido mes y medio después o haber sabido el autor el escándalo de corrupción que iba a surgir en el yerno del rey, que –no hay mal que por bien no venga- daría al traste con tabúes reales, seguro que hubiese sido más explícito. Sin embargo manifiesta sin ambages lo que hoy se proclama a los cuatro vientos:

Pero por lo menos la crisis ha servido para una cosa importante: para que nos demos cuenta de que, consideraciones de otro orden aparte, el modelo de Estado actual es sencillamente insostenible por ineficiente, por extremadamente caro, porque no podemos pagarlo.

El subrayado es mío y con ello quiero indicar lo que en la actualidad es un grito cuasi general en la sociedad.

He consignado como título de este artículo un refrán que según el paremiólogo dice que la persona que vive desordenadamente y atada a las malas costumbres, acaba víctima de éstas. Ergo un rey. Los reyes destronados dejaron amarga memoria en sus respectivos países. No fue una excepción –esto es una regla sin excepción como la de la muerte- que en la abolición de la monarquía helena en la persona de Constantino II, hermano de doña Sofía y de la princesa Irene, hijos de Pablo I y de la ya citada Federica de Hannover, dejase en Grecia esta familia un recuerdo nefasto, de aquí la dura condición que los helenos les impusieron para el entierro de la ex reina Federica -muerta en Madrid en febrero de 1981 a los 63 años de edad- y en toda visita de alguno de ellos a Grecia. Dicho sea de paso que sufrió mucho, como cualquier madre normal –las hay que lo motivan- viendo la separación de facto de su hija y yerno.

Éstos lo verían de iure en cuanto a Elena, su primogénita. Y con el matrimonio Undangarín-Borbón se abre esta incógnita: divorcio, y otras. Varias son las que para la familia y la Institución, para España en definitiva, plantea el que, como es de justicia, Urdangarín dé con sus huesos en la cárcel. ¡Que no haya una alcaldada más! Ya está bien de situaciones poco serias, desorden y confusión.          

Por: MANUEL LÓPEZ PERALTA        

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Dicen en mi tierra: "lo que está a la luz, no necesita candil".

Que la monarquía es la forma más absurda, estúpida, antidemocrática, antieconómica, retrógrada... de Estado no necesita de más explicaciones. Que la familia Borbón ha sido nefasta para la Historia de España, pues está en los libros: desde el primero, que provocó la Guerra de Sucesión, con el sometimiento por la fuerza de Cataluña y la entrega a los británicos de varias partes del territorio español (Gibraltar incluido) en agradecimiento a su apoyo, hasta el actual, todos han sido absolutamente dañinos si salvamos, quizá, el interés por civilizar a España que mostró Carlos III.

Fue seguido por el bobalicón de su hijo, que se autoexilió a Francia para entregar el país a Napoleón mientras el heredero conspiraba para recuperar el reino y no dudó en mandar asesinar a los mismos que, ingenuamente, le facilitaron el retorno al trono. Inmediatamente traicionó al pueblo derogando la Constitución e incluso las leyes que regulaban la sucesión al trono para que reinara su hija.

Tras el fracaso de la I República y con la restauración, tomó el trono el juerguista más irresponsable que ha pasado por la monarquía española: Alfonso XII, quien, viudo de su primera mujer, en su lecho de muerte recomendaba a su segunda esposa y futura regente: "Cristinita: tú, de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas... y guárdate el coño".

El hijo y sucesor de esta "perla", y abuelo del actual Borbón, no dudó en salir por pies del país cuando unas elecciones municipales dieron la mayoría a los partidos que se decantaban por la República, alegando que no quería que se derramara sangre española por su culpa... ¿se refería a su propia sangre?

Luego, desde el exilio dorado en Roma apoyo y aplaudió el golpe de estado encabezado por el ex-general Sanjurjo (sustituido por Franco tras la extraña muerte del primero), pensando que de esa forma volvería al Palacio Real... En ningún momento criticó ni lamentó los cientos de miles de víctimas que causó la Guerra Incivil de 1936 promovida por los golpistas.

Y por último, el actual Borbón no tuvo el más mínimo empacho en saltarse a la torera las normas monárquicas de la sucesión cuando aceptó la corona de manos del dictador JURANDO FIDELIDAD A LOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DEL MOVIMIENTO y dejando a su propio padre (heredero "legal") en la cuneta.

Por cierto, es conveniente recordar que el actual Borbón, tras 36 años largos de vidorra a costa del pueblo, aún no ha tenido "un ratico" para JURAR LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978.

blogger's dijo...

El problema no es, no son las monarquías en pleno siglo XXI, el problema, lo nefasto es que una buen número de personas (¿?) lo ven como algo natural.

Los reyes, los reyezuelos y los principescos arriman las ascuas a sus sardinas, como cualquier mortal, mientras lo permitamos........

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