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mayo 07, 2012

BALANCE DE FALLOS DE EJEMPLARIDAD EN LA MONARQUÍA DE HOY

Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin, o conformidad con lo inepto, sino voluntad de bien.
- A. Machado - 
 
Desde hace muchos años a nuestros días única y exclusivamente tiene razón de ser, existir, por tener alguna, la institución de la monarquía dando ejemplaridad, calidad de ejemplar. Se puede ser un ejemplar de lo bueno y de lo malo, y como un buen ejemplar, peyorativamente hablando, se ha revelado Iñaki Urdangarín. No hace falta decir de qué. A la cárcel debe ir a parar con sus huesos sin que se produzca la menor dificultad por parte de su suegro, pues, a todas luces se trata de un individuo sin ejemplar, antecedente ni posibilidad de repetirse, o por lo menos insólito, extraordinario en lo anormal.  Hoy día es motivo de indignación en la ciudadanía ver que la Casa Real ha inducido al referido a que proponga a los fiscales el descabellado pacto que hemos visto: por una propina al Estado librarse de ir a la cárcel y quedarse con lo… “””ganado”””.

Ello, incuestionablemente, es fruto del miedo que ha generado las pruebas presentadas en el Juzgado por el abogado del ex socio de Urdangarín y tantas otras que dice presentará a partir del 22 de este mes mediante la declaración de su cliente ante el juez. Se teme ésta y las pruebas, tanto más cuanto que los tres e-mails ya presentados son contundentes involucrando a la infanta y al rey como ayudantes o colaboradores en los turbios e indignos negocios del marido y yerno respectivamente. Pero el rey dijo en su día que Urdangarín se defendería solo, como cualquier otra persona, sin la menor intercesión de su parte. Y ahora… De momento vemos que está de algún modo arropado; tratan de cubrirle, y de momento también parece ser que gracias a la presión mediática no ha habido pasos para el pacto, se quedó en conato.

Tremendo sería el escándalo dado de que los delitos del yerno del rey –nada menos que malversación de fondos públicos, prevaricación, falsedad documental y fraude ala Administración- se quedasen en agua de borrajas. Vergonzosamente ocurrió con alguno que otro. Mal está y dice mucho en contra de un Estado de Derecho, en lo que atañe al Estado y a la Justicia, que determinados chorizos, que en la mente de todos están, per fas et per nefas, por una cosa o por otra, hayan burlado la cárcel, quedándose además con lo robado, pero en Urdangarín estaría, como es evidente, mucho peor por ser un miembro de la Familia Real. Una razón también imperiosa para que la acción judicial llegue a su final es que la nación –digamos también el extranjero que tan pendiente está de este escándalo- pueda salir de la duda de si el rey ha intervenido o no en la conducta de su yerno.

Honestamente el primer interesado en la continuidad del litigio ha de ser don Juan Carlos por o para aclarar la grave imputación que le hace Diego Torres; ha de demostrar que miente su yerno en los e-mails dirigidos a su entonces amigo y socio. Ya a la infanta le será más difícil demostrar que no es copropietaria con su marido de bienes cuya legalidad de adquisición se discute judicialmente o, mejor dicho, ha quedado visto que es fraudulenta, a veces claro trincar del bienamado esposo. Aunque se dé por no enterada, de seguir la causa y hacerse justicia, tendrá que devolver la parte con que se ha beneficiado o participación. Otra cosa es que los fiscales y el juez la hayan marginado en el pleito. Al parecer esto no le basta, pues la enfurece que exista contra su marido.

Según Pilar Eyre a la infanta Cristina le disgusta grandemente que su padre haya dicho que “la justicia es igual para todos”. Cuenta la periodista que “se enfadó muchísimo, estuvo llorando durante casi una semana y se negó a ponerse al teléfono con el Rey en tres ocasiones”. ¡Caramba, qué sentido tiene de la justicia y también de la realeza, menos mal que ella no va a ser reina ni Urdangarín rey! Empieza por no aceptar el artículo 14 de la Constitución, que su padre al menos repite y da a entender basarse en él. Esperemos que no lo interfiera ni lo permita, como ella entiende, conforme su referida actitud pone de relieve. Ha de enterarse de que su augusto padre actuó con ellos cuando les puso a salvo, con verdadera benevolencia, pero que la sociedad civil no ha de tolerar los desmanes de un sujeto aun siendo yerno de un rey. 

No se halla satisfecha de los privilegios que tiene, sino que quiere estar por encima de la Justicia, que lo esté su cónyuge por ser tal. No es para felicitarla por su inteligencia y bondad. Ni el respeto a los ciudadanos que tienen a su padre de jefe de Estado, gracias a lo cual ella goza de lo que goza: un enchufe cómodo y pagado de… infanta. E igualmente él; asimismo pudo hacer sus fabulosos, increíbles, “””negocios”””  por ser miembro de la Familia Real. Uno y otra tiene lo que tiene por ser quienes son. ¿Y qué decir de estar tan unida al marido? Bien lo de ser dos en una misma carne, como se señala religiosamente, pero no en un matrimonio como el de ella. Si ninguno de los tres hermanos ha contraído la coyunda matrimonial que prescriben los cánones de las monarquías en general –especialmente la de España-, con lo que no dejan de haber dado un palo a la institución, como conoce y ha lamentado su propio padre, lo de Cristina de Borbón es todo un caso.

Hemos visto ya tantas fechorías –dice Jiménez Losantos-, tantos disparates y tantos delitos en el ámbito de la Casa Real, que ahora ya el Gobierno los persigue o los comparte, no hay término medio. […] El sujeto Urdangarín que en vez de apreciar lo que el conjunto de España hace por ellos se ha dedicado a saquearlos. Esto ya es bastante despreciable, pero que el Gobierno elegido por los españoles, los fiscales, que pagamos los españoles, los jueces, que pagamos los españoles, admitamos un bigardo sin escrúpulos, en un entorno sin decoro, saque el dinero que falta en las Administraciones públicas en España, en una crisis económica que no tiene precedente… Que esto suceda y el Gobierno les preste ayuda a estos despreciables sacamantecas… Tampoco es costumbre que el jefe del Estado, su hija la infanta, el yerno Urdangarín, etcétera aparezcan pringados en esta historia.

Sí, todo alucinante en sentido negativo. Nos hace recordar el título de aquella película de género comedia: “Pero… ¿en qué país vivimos?” Tenía mejor música –la tradicional y los ritmos ye-yes-, pero la música de ahora es una marcha fúnebre, que no en balde la crisis es una muerte en su sentido figurado de “ser en extremo molesta, insufrible, enfadosa”, tan insufrible que, tristemente, a más de uno ha llevado al suicidio. Mientras tanto el rey cruza el enorme continente de África para practicar junto a su actual amante Corina un safari, y la reina, por su parte, se consuela de las infidelidades de su consorte con sus viajes y no precisamente a El Pardo, sino un “poquito” más costosos. No sé cómo catalogarlo, desde luego no es solidaridad con el país que les tiene “como reyes”. Para ellos no hay crisis; ahora bien, hay que guardar las formas, por ética, y no es ético, no corresponde a sus obligaciones, acción que no implique amor a sus conciudadanos.

Los treinta y seis años que lleva doña Sofía de Grecia sin hacer vida con su donjuanesco esposo, lejos de haberla llevado a la costumbre –claro es que hay circunstancias a las que no puede uno acostumbrarse, sólo sufrirlas o no sufrirlas-, le hace ahora dejar de disimular una paz entre ellos que es inexistente, y así viene exteriorizando últimamente, y él la corresponde, la aversión que anida en ella. En las fotografías en que parecen juntos tienen una cara de espanto y no se miran. Con vistas a las Bodas de Oro se anunció que su celebración se reduciría a “una cena para las autoridades españolas a la que solo asistirán Felipe y su esposa Letizia. En una esfera más familiar, el aniversario será recordado con una misa con la asistencia de toda la parentela del Rey, incluidas sus hermanas y sobrinos, menos los ahora incómodos Iñaki y Cristina”. Pero acaba de publicarse que “la situación que viven últimamente no les dejará celebrar, aunque la excusa sea que el aniversario cae “en puente”.

¿Qué puente? Puente será en el calendario real; ahora sus puentes principales son Urdangarín, para el, rey, y Corina, para la reina. Doña Sofía quiere mucho a su yerno y dice de él que es bueno, bueno, buenísimo; don Juan Carlos admite dejar de matar elefantes pero no abandonar a Corina. Ésta es de la colección de amantes reales la que más realeza ha ostentado y la que tiene mayor popularidad, por ende de la que se siente la reina más ofendida, su más visible rival, pues esta señora no esconde sus relaciones con el rey, ni mucho menos, así como él tampoco, tanto es así muy ufano habló de ella a sus hijos. Éstos sí que están acostumbrados a este buen ejemplo de su padre. ¿Es ejemplaridad? No; en lo tocante al matrimonio de los reyes no hay ejemplaridad.

El de la infanta Cristina se encuentra en una encrucijada, cuyo desenlace puede remontarse al final de la causa al marido, influyendo el que vaya a la cárcel. Evidentemente como infanta tampoco el suyo es un matrimonio ejemplar, enrareciéndose además con vivir en la inopia, según gusta de afectar, en cuanto a ignorancia de lo que harto conocido de todos, cerrar lo ojos a la realidad. ¡Que le vamos a hacer, ella es así, Urdandarín ante todo, y preferiblemente Urdangarín y monarquía! Perder los privilegios que proporciona la corona aterra, de aquí que la reina no proceda, como es lo pertinente en su caso, abandonando al marido. Lo ha hecho la infanta Elena, pero es que su ruptura matrimonial no implicaba la caída de la monarquía.

El que todavía no ha dado otro modelo de “ejemplaridad” matrimonial es el príncipe, mas ello no deja de hallarse en función de que llegue a reinar, hecho sumamente improbable. De reinar y serle infiel a la reina Letizia, se dice que ésta no sería tan paciente como su suegra; vaya usted a saber porque, como digo, aterroriza el destronamiento, de aquí tantas farsas matrimoniales de uniones tales en reyes y que sólo existe realmente, es decir, en cuanto a la realeza pero no en la realidad. Hay, empero, que considerar que su cuñada Telma Ortiz, pareja de Enrique Martín-Llop con quien tuvo una hija, Armanda, y rompió con él al marchar desde Madrid a Barcelona para ocupar en el Ayuntamiento un privilegiado trabajo a dedo con paga de “hermanísima” de los príncipes de Asturias. Le ha dejado ante la perspectiva de su matrimonio a contraer, el 7 de julio de este año, co Jaime Burgo, hijo del ex presidente de la Diputación de Navarra. Si el caso de Telma no es tráfico de influencias, que venga Dios y lo vea. Por la Familia Real han conseguido pingües beneficios, ventajas, varios parientes consanguíneos o políticos; no es cosa –aquí- de hacer recuento.

Como es sabido de todos, fue Franco el instaurador de la monarquía en España tras dar de lado a Alfonso XIII, que poco tiempo sobrevivió a la guerra civil, y a Conde de Barcelona en cuanto a restauración. ¿Hubiera elegido a Juan Carlos de haber sabido que antes de casarse tuvo una hija con la condesa Olga Nicolis? Ésta no quiso hacerle daño, dificultar que llegara a ser coronado, teniendo trámites judiciales. Para conseguir el puesto de rey hubo de aguantar a su protector, que unas veces fue amable con él, y otras no tanto. Tenía competencia, y el dictador se había reservado de por vida la potestad de elección de rey, cambiar la misma si así lo estimaba. Por parte la familia Franco, durante la vida de él, hubo de sufrir el entonces Príncipe de España, y también doña Sofía, desaires, humillaciones, sin descartar en ellos al marques de Villaverde, tanto más cuando las cosas se complicaron con la boda de la nieta mayor del general con Alfonso de Borbón Dampierre.

Aparte de la conducta “no ejemplar” del rey Juan Carlos en su vida matrimonial, se le cuelgan sambenitos de otra clase; se habla  –en libros y en Internet- de sus negocios, y los negocios pecuniarios son ajenos y prohibidos al papel de rey constitucional. Una vez más me pregunto por qué no se defiende ante las imputaciones que le ha dirigido el coronel de Estado Mayor e historiador Amadeo Martínez Inglés entre las que le niega veracidad del 23 F. Léase su libro “23 F El golpe que nunca existió”. Fue, sostiene, un montaje. De su acción última (¿?) le ha quedado descrédito, y a este sambenito se aúna la duda que suscita las manifestaciones del abogado defensor de Diego Torres en cuanto a lo ya apuntado: ayuda del rey a los trinques de su yerno.   

El panorama que presenta la monarquía, que ha ido de mal a peor, no es indubitadamente de ejemplaridad en ninguno de sus miembros, la misma reina de la que, Juan Balansó, dijo que no ha hecho nada bueno ni nada malo, ha cometido, situándose a ultranza al lado de Urdangarín, un craso error. En cuanto a la parentela hay bastantes que distan mucho de ser impolutos, digamos.  En cuanto al matrimonio, también el divorcio está a la orden del día.

Por: MANUEL LÓPEZ PERALTA                       

                                                      

                                                 

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