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septiembre 04, 2012

Sepulcro con restos falsos o no


Sepulcro con restos falsos o no correspondiéndose con la inscripción del mismo

Sobre la hipótesis de encontrase los restos de Blanca I de Navarra en la Iglesia de Santa María la Real de Nieva (Segovia) escribe Carlos Arranz Ruiz, en su libro “Santa María la Real de Nieva”:


Aludiendo a un suceso que llevo implícito el particular encanto de las cosas inacabadas, inconcretas o inseguras; ese encanto que nos suscita el interés e invita a preguntarnos una vez y otra cuál será la verdad. Se trata de la muerte, en Santa María, de la reina doña Blanca de Navarra, su enterramiento en el santuario de Nuestra Señora y su posible traslado en fecha posterior al convento de San Francisco, en Tafalla.


La obra está prologada por el que fue ilustre abogado segoviano –se hallaba en posesión de la Cruz de San Raimundo de Peñafort, luego era Excelentísimo señor, cual, igualmente, persona excelente, del cual guardo grato recuerdo-, acabando así su extenso prólogo: “Carlos Arranz Ruiz pertenece a la generación de estudiosos segovianos que estamos preocupados por las cosas, valores y destinos de nuestra tierra. Este bello libro es una muestra de su ilusionado quehacer en este campo. Por ello, una vez más, merece nuestro reconocimiento”. Esta firma brillante en el foro, dado también a escribir y que mucho escribió sobre Segovia y su provincia, es Manuel González Herrero – De la Academia de Historia y Arte de San Quirce. De forma incuestionable, evidente, amaba a su tierra, mas nunca se dejó llevar de tal inclinación con riesgo, o despreocupación, de incurrir en el error.

Doy por hecho que, como al que suscribe, también a Carlos Arranz Ruiz hay que contarle entre los amantes de nuestra provincia, pero también como persona ecuánime; esto queda subrayado, destacado, al decir literalmente:

Por nuestra parte y compartiendo la opinión de Rufino Núñez, nos cuesta trabajo creer que, de haber continuado los restos de doña Blanca de Navarra en el santuario de Santa María, los dominicos no hubieran puesto más cuidado en la conservación de su sepulcro o al menos en guardar la tradición.

Ninguno podían poner si tales frailes de la Orden de Santo Domingo, custodios del Monasterio de Nieva, afirmaron que los huesos fueron trasladados. Palmariamente se mueve en el ad absurdum, y últimamente ha sido, este argüir por reducción al absurdo, un monumental desatino. Resulta, efectivamente, increíble el destino de este enterramiento en la iglesia de Santa María, que se trate de una sepultura ignorada como la de un quídam, o sea, sujeto despreciable, de poco valor. No hay conocimiento exacto de la ubicación en que provisionalmente había de yacer; se citan dos: la Capilla Mayor –Garibay-, la de la Consolación –José María Quadrado. Y también se dice que fue de un sitio a otro; será, obviamente, si sus restos quedaron en la iglesia. Aún menos se puede entender la carencia de inscripción en su nicho o en su sepultura, que de ambos se habla.

Hay dos versiones sobre el motivo de su venida a Santa María, Garibay sostiene que arribó en peregrinación, procedente de una primera a Guadalupe, mientras que el cronista segoviano Colmenares y el padre Mariana aducen que fue por motivo político. Según expresa este último –y son líneas introducidas en “Historia de la aparición de la taumaturga imagen de Nuestra Señora la Soterraña de Nieva – Transcripción y notas: Antonio Sánchez Sierra”- “El príncipe don Enrique llamado por su padre fue a Ávila, para tratar de algún acuerdo de paz. En estas vistas no se hizo nada. El Príncipe vuelto a Segovia suplicó a las dos reinas, su madre y su suegra (la cual a la sazón estaba en Castilla) se llegasen a Santa María de Nieva para ver si por medio suyo se pudiesen sosegar aquellas parcialidades”. Bueno, no dice más el texto de Mariana sobre la reunión, seguidamente añade: “En aquella Villa falleció la reina de Navarra doña Blanca primer día de abril, la sepultaron en el muy devoto y muy afamado templo de aquella villa, así se tiene comúnmente y grandes autores lo dicen, dado que ningún rastro se halla hoy de su sepultura, ni allí ni en Santa María de Uxue, donde mandó en su testamento que la llevasen, que hace maravilla haberse perdido la memoria de cosa tan fresca”. Ahora viene, lo que ya he dicho, la afirmación de los dominicos del traslado del cadáver.

Ya en mi artículo “Blanca I de Navarra y su época – Sinopsis”, publicado en El Adelantado de Segovia, en 2008, escribí: “¿Son auténticos los restos hallados con motivo de un obra de albañilería en octubre de 1994? Existió y aún puede decirse que existe, verdadera polémica. Se sometieron a las pertinentes pruebas hasta el 16 de abril de 1997 en que fueron nuevamente inhumados en la iglesia. La aplicación de ADN falló”. Yo, honestamente, no pude afirmar en ningún momento la autenticidad de los restos; la palabra, además, la tenía el Dr. José Manuel Reverte Coma, Profesor Emérito y Director del laboratorio de Antropología Forense y Paleopatología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, que se encargó del estudio antropológico y paleopatológico de los restos. En las conclusiones de su informe, de fecha 15 de diciembre de 1994, no admite la autenticidad de éstos y expone que “no se tendrá la seguridad de que se trata efectivamente de Doña Blanca I, Reina de Navarra en tanto no sea posible aplicar el ADN”.

Continuando investigaciones, se ha realizado durante una década un estudio histórico, antropológico y genético sobre los restos en cuestión –cualquier amante de la Historia, en general, y de este tema, en particular, ha estado atento del mismo-, ya con anterioridad del artículo de Felipe Molinero que tituló con la afirmación: “Los restos de Blanca de Navarra descansan en la iglesia de Santa María” se había dictaminado científicamente y publicado urbi et orbi, a los cuatro vientos, que “los restos de don Carlos de Navarra y Aragón y de su madre, la reina Blanca I, no son auténticos”. La incógnita, pues, de dónde están los restos de la reina sigue sin despejarse. Sólo a ciencia cierta se sabe que murió en Santa María, ignorándose incluso el motivo de su muerte. Cabe suponer que pudo ser envenenada por la reina María Lo que no se ignora sino que, por el contrario, se conoce a ciencia cierta desde primeros de septiembre de 2008 es que el sepulcro ubicado en el presbiterio de la iglesia parroquial no guarda los restos mortales de Blanca I de Navarra.

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